Sábado, 14 Abril 2018 00:00

El chavismo ha relegado dos décadas la modernización del histórico centro de San Félix

 
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En el centro de San Félix funcionan, a la vez, el comercio formal e informal, causando el desorden urbano más ruidoso del municipio Caroní En el centro de San Félix funcionan, a la vez, el comercio formal e informal, causando el desorden urbano más ruidoso del municipio Caroní Fotos William Urdaneta

Las últimas obras de remodelaciones de esta zona datan de los años 80 y 90. La versión más reciente de ellos, el Plan especial centro de San Félix, está encajonado desde 2007. Mientras, el comercio informal continúa desordenando todo el ideal urbano y prolifera contrabando de alimentos y efectivo, afectando negativamente la dinámica y ganancias del comercio formal. Culmina así, con esta tercera entrega, la serie sobre el declive urbano de la ciudad, desarrollado por la periodista Oriana Faoro en alianza con Lincoln Institute of Land Policy y el Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS). 

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Comerciantes informales aguantando sol en plena calle, peatones andando entre los carros, montones de basura en cada esquina, botes de aguas negras, perros callejeros, indigentes, marañas de cables eléctricos que conectan ilegalmente cientos de personas y comercios… es el panorama cotidiano del histórico centro de San Félix, cuyo desorden empaña su planificación en forma de cuadrículas, con edificios de poca altura. Es el principal centro económico de la mitad este de Ciudad Guayana, y su antigüedad supera por décadas a la fundación formal de la urbe, en 1961.

Homero Hernández, cronista popular de San Félix, nació en 1950 en este sector ubicado a orillas del río Orinoco, el tercero más caudaloso del mundo. En sus 68 años de edad ha sido testigo del abandono sostenido de la zona, catalogada en el Plan de Ordenación Urbanística (POU) de 1995 como el centro metropolitano de San Félix.

Para 2018 su ambiente desdibuja totalmente la planificación urbana que se ideó en los años 80. El malecón, la concha acústica y la plaza Bolívar, desde donde se observa el Orinoco, están abandonados, como también lo está el puerto de chalanas. Toda la zona es azotada por el hampa y, en las calles, comerciantes informales conforman la meca del mercado negro de productos básicos y escasos en el país, a costa del desorden urbano más ruidoso de todo el municipio. Sucede a pocos metros del Palacio Municipal de la Alcaldía de Caroní, estructura que está tan abandonada como el sector donde se localiza.

Ya en los años 90 comenzaban a desdibujarse los ideales urbanos de esta importante zona, razón por la que el POU recomendaba densificar espacios para reordenar la economía y las zonas urbanas, convertir en peatonal la calle Ramírez y consolidar este como el principal centro económico de San Félix.

En 1995, la desestimación del POU por parte del Ministerio de Desarrollo Urbano (Mindur) significó un alto en la mayoría de sus proyectos. En la década de 2000, la Alcaldía de Caroní retomó estos ideales con la formulación del Plan de Desarrollo Urbano Local (PDUL) 2006-2026, y dentro de los 12 planes que se plantearon para sectores específicos, se desarrolló el Plan Especial del centro de San Félix, diseñado por expertos de la Universidad Metropolitana, una de las casa de estudios privadas más prestigiosas de Venezuela, ubicada en la capital del país, Caracas.

La concejala de la Cámara Municipal de Caroní Aida González (de la fracción opositora de Acción Democrática) explica que este plan no fue aprobado en cámara y, por ahora, permanece engavetado. Agrega que “en los últimos 18 años nadie ha hablado de eso en la cámara ni se han aprobado contratos, y lo grave de eso es que el centro está cada día más anárquico”.

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Los vendedores ambulantes tienen más variedad de productos que los comercios formales, los ofrecen a mitad de precio, solo en efectivo, para luego revender el capital
 

La discusión más reciente sobre el desorden del centro de San Félix la ha impulsado el presidente de la cámara, Aquiles Campos (de la fracción oficialista, representada por el Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV), pero en un enésimo intento de reubicar a los comerciantes informales que revenden alimentos sin control sanitario y ahora venden dinero en efectivo a cambio de comisiones de más del 100%, debido a la escasez de billetes en todos los bancos del país. Sin embargo, tampoco hay decisiones concretas asentadas en Gaceta Municipal, al menos hasta el 20 de marzo de 2018.

El Plan Especial de San Félix tiene como antecedente un proyecto elaborado en los años 80, con el que se diseñó el malecón del río Orinoco, se remodeló la plaza Bolívar para abrir la vista hacia el caudal, entre otras intervenciones.

El proyecto que presentó la Universidad Metropolitana incluyó modernos planteamientos como convertir la calle Ramírez en un bulevar peatonal con aceras techadas, para sincerar el uso de la vía que colapsa entre carros, vendedores y peatones.

Mejorar la vialidad y el sistema de transporte eran puntos de honor, pero sobre todo se buscaba organizar la economía informal para volver grata la zona que acoge a las orillas del llamado río padre.

Todo quedó en proyectos. Desde hace casi tres décadas no se ejecutan mejoras urbanas al casco comercial más importante de San Félix. En 1983 se inauguró el entonces moderno malecón a orillas del Orinoco, con la promesa de una segunda etapa. Luego, a principios de los años 90, se inauguró la concha acústica (un anfiteatro ubicado en el malecón a orillas del Orinoco), y posteriormente comenzaron a tejerse proyectos para el aprovechamiento turístico del caudal y su paisaje, pero ninguna gestión privilegió su ejecución. 

Mercado fantasma 

La última obra inaugurada en San Félix es el Mercado Metropolitano Manuel Piar, que abrió sus puertas en 2012, aunque el proyecto data de los años 80. Es un proyecto de la CVG, y por razones técnicas fue incorporado al Plan especial de San Félix.

El mercado fue inaugurado por el exalcalde José Ramón López y costó 25 millones de bolívares, equivalentes a 3.968.253 dólares (al cambio oficial del dólar controlado, en ese año).

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La venta ambulante se hace sobre calles sucias y rotas
 

La misión de este recinto era reubicar a todos los comerciantes del Mercado Municipal de San Félix, que desde 2012 se niegan a abandonar sus espacios alegando que los nuevos puestos en el Mercado Metropolitano eran más pequeños. Además, el nuevo fue inaugurado sin crear rutas de transporte que permitieran el acceso público de los ciudadanos.

El plan B, reubicar en el nuevo mercado a los comerciantes de la calle, tampoco funcionó: “A mí no me van a sacar de aquí. En la calle uno vende más, si me voy para ese mercado pierdo dinero…”, aduce una comerciante que tiene 15 años trabajando en la calle Mariño de San Félix. Está habituada a las eventuales inspecciones de la Guardia Nacional (GN) y no reveló su nombre por temor a que le decomisen mercancía. “Lo que quieren es dinero, nosotros les pagamos y ellos nos dejan tranquilos”, dice, en relación con los militares. Mientras tanto, el Mercado Metropolitano Manuel Piar tiene seis años sin comerciantes y sus instalaciones fueron desvalijadas. En sus alrededores opera informalmente el único mercado mayorista de la urbe.

El principal centro de compras sigue siendo el ahora insalubre Mercado Municipal del centro de San Félix, inaugurado en 1969, con un diseño de paraboidales de concreto rodeadas de una estructura a punto de colapsar. El arraigo de los vendedores es tal que se mantiene activo pese a las moscas, las aguas negras o los perros que deambulan. A su alrededor, las calles de San Félix se han vuelto una extensión desordenada y ambulante del mercado.

Según el POU, el centro metropolitano de Puerto Ordaz -la otra mitad de Ciudad Guayana- es Alta Vista. Las diferencias entre ambas zonas demuestran la deuda urbanística que todavía tiene el Estado con San Félix y su reordenamiento.

San Félix relegado 

En 57 años de historia que tiene Ciudad Guayana como urbe formalmente constituida nunca ha podido acabar con los estigmas que separan a los dos sectores que la componen: Puerto Ordaz y San Félix, que solo están divididas por el río Caroní, pero unidas por cuatro puentes en las avenidas Guayana, Leopoldo Sucre Figarella y Los Trabajadores (rebautizada así por el chavismo, antes, Angosturita). La brecha social todavía es evidente entre los habitantes de cada lado: los de Puerto Ordaz son tildados de privilegiados y los de San Félix marginados, por las diferencias palpables entre la distribución y dinámica de cada lado.

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El Mercado Manuel Piar sigue desierto a seis años de inaugurado
 

Clemente Scotto, quien fue alcalde de Caroní en los periodos 1989-1995 y 2004-2008, e impulsó el POU y el PDUL, admitió que faltó más insistencia para ejecutar la renovación del centro de San Félix. “Queríamos unir la ciudad, crearle un alma, y por eso se invirtió bastante en estructuras que le dieran vida al centro de San Félix”, como la Casa de la Mujer y la Casa del Músico, aunque admite que “en todo este tiempo se perdieron oportunidades”, para continuar con el proyecto. La falta de coordinación y pugnas internas entre la Alcaldía de Caroní, la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) y la Gobernación de Bolívar, impidieron tomar decisiones.

Con la llegada del chavismo al poder en las tres instituciones no se acabaron las diferencias y tampoco se aprobaron cambios para San Félix, ni siquiera por ser el claro sector oficialista de Ciudad Guayana en todas las elecciones desde 1998, con excepción de las parlamentarias de 2015.

“Si de verdad hubiera voluntad, aquí se hubieran hecho cosas bellas. Ni siquiera (Clemente) Scotto le metió una mano al centro de San Félix, y eso que él fue uno de los más preocupados. No tienen que pensar tanto en bulevares… ¿Por qué no piensan en hacerle un buen mercado a la gente que sale a ganarse la vida en la calle?”, expresó un comerciante de origen sirio que tiene más de 30 años trabajando en la zona, quien accedió a declarar sin revelar su nombre.

El Plan Especial de San Félix incluía las renovaciones de las fachadas de los comercios, y hubo un importante número de reuniones con los comerciantes del lugar, aunque los acuerdos nunca se concretaron. Con el cambio de administración municipal, que en 2008 pasó de Clemente Scotto a José Ramón López, los planes se olvidaron.

 

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Plano de cómo quedaría la calle Ramírez convertida en peatonal, según el proyecto de la Universidad Metropolitana | Foto cortesía Planurbe

 

El comerciante consultado rechazó la eterna excusa de la Alcaldía de Caroní de frenar cualquier plan urbano por no poder negociar con los que se ganan la vida vendiendo en la calle, y complacer su permanencia a cambio de votos. “¿Usted cree que ese comerciante que se para a las 3:00 de la madrugada, que aguanta sol, no va a querer mudarse a un buen mercado, cómodo, céntrico, con aire acondicionado, baños…? Lo que pasa es que no hay una intención seria de querer reubicar a la gente, de querer mejorar este centro”.

El cronista popular Homero Hernández concuerda. Como extrabajador municipal recordó las constantes disputas entre la Alcaldía de Caroní y la Gobernación de Bolívar: “En el 2001 la Gobernación (en manos de Antonio Rojas Suárez) quiso retomar el proyecto de la laguna Las Delicias, pero la Alcaldía (en manos de Antonio Briceño) le mandó a parar la obra, alegando que era de su competencia. El problema es que se pelean y pierde es la ciudad”, apunta, sobre la laguna del centro de San Félix, a la que tampoco se le ha hecho mantenimiento.

El malecón de San Félix está deteriorado y rodeado de maleza. Solo es concurrido una vez al año por ser el punto de llegada del renombrado evento deportivo Cruce a nado del Orinoco. La concha acústica, otro Patrimonio Cultural del Municipio, es poco frecuentada por la devaluación de la zona. Hasta el Palacio Municipal está raído por las filtraciones, la falta de agua potable y la contaminación de al menos tres oficinas por moho.

¿Cuál es el futuro de Ciudad Guayana? 

La arquitecta PhD, docente e investigadora de la Universidad de Las Américas Ángela Díaz Márquez, desarrolló su tesis doctoral sobre una comparación de Ciudad Guayana y Santiago de Los Caballeros (República Dominicana), llamada Ciudades intermedias latinoamericanas ante modelos urbanos externos. En su estudio, observó que el proyecto de Ciudad Guayana como la segunda urbe mejor planificada de Latinoamérica se paralizó por la falta de continuidad administrativa. “Este problema es frecuente en toda América Latina, hay pocos casos de continuidad de proyectos viejos, porque hay una cultura mesiánica: quien llega al poder quiere empezar de cero y desestiman todo lo que hay detrás”.

La más reciente evidencia de esto es que la nueva política habitacional y urbana de todo el país, la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV), ha construido el 49% de sus obras en Ciudad Guayana en terrenos no conformes a los de uso residencial.

“El problema de esto es que donde debía ir una escuela o un hospital ahora va a haber casas y se deteriorará la calidad de vida de todos, se eleva el tiempo del radio caminable entre los servicios y se incentiva la invasión de terrenos”, recordó la experta.

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El exalcalde Clemente Scotto asumió que, además de la falta de coordinación interinstitucional entre CVG, Alcaldía, Gobernación y Ministerio de Vivienda, la crisis política nacional ha influido en que se reste importancia a la asignación de recursos para la consecución de políticas urbanas. Desde los años 90, cuando Venezuela vivió la primera gran oleada de saqueos, conocida como el Caracazo (1989) y el intento de golpe de Estado al expresidente Carlos Andrés Pérez (1992); hasta la década de 2000, con el golpe de Estado al expresidente Hugo Chávez (2002), el enfoque principal ha estado en manejar estas crisis sociales.

Los momentos electorales también han roto la continuidad de políticas a largo plazo.  Por ejemplo, las campañas electorales de octubre y diciembre de 2017 aprovecharon las inundaciones de Castillito para políticas populistas: los candidatos oficialistas entregaron materiales, como pintura y cemento, que no resuelven el pasivo social de fondo: el déficit habitacional de personas que viven en zona de riesgo.

La crisis venezolana actual es la más fuerte de toda su historia democrática, con cifras comprobables de hiperinflación, escasez de alimentos y servicios básicos, y aumento de mortalidad generalizado. En los últimos cuatro años se han masificado las protestas políticas y sociales; se negó la solicitud de un referendo revocatorio del presidente Nicolás Maduro; se anuló la Asamblea Nacional electa en 2015; y ha aumentado la persecución a líderes opositores.

Para María Nuria De Cesaris, urbanista, ex trabajadora de la Alcaldía de Caroní, y asesora principal de la formulación del PDUL 2006-2026, el cambio sí es posible. “Hay que lograr que los ciudadanos recuperen la esperanza de que las cosas pueden cambiar, y para ello la planificación urbana tiene un rol clave”. Insistió en que Guayana es una ciudad muy bien planificada y solo basta que las autoridades revisen y retomen los proyectos planteados para que retome su brillo.

“Creo que los futuros alcaldes deben evitar inventar el agua tibia y tomarse un tiempo para estudiar cuidadosamente los planes y proyectos existentes; asesorarse y revisar en breve plazo los que deban revisarse y preparar un plan de trabajo claro para hacer realidad las propuestas”, apuntó De Cesaris, al tiempo que insistió en la importancia del Concejo Municipal de Caroní como institución contralora para vigilar la gestión de la Alcaldía y la consecución de proyectos urbanos. “No pueden seguir siendo invitados de piedra o cómplices en negociaciones”, dice, y critica que los directores de departamentos municipales sean seleccionados por su lealtad política y no por sus conocimientos técnicos.

De Cesaris consideró que las estrategias conjuntas entre autoridades y ciudadanos pueden lograr despertar nuevamente la pasión por la urbe, y encauzar los proyectos para convertir nuevamente a Guayana en “una ciudad para vivir bien todos”, como tenía por lema el PDUL 2006-2026.

Actualmente el Gobierno nacional está enfocado en estrategias político-electorales, gasta ingentes cantidades de dinero en campañas, y el ejecutivo local ha desaparecido con la gestión del alcalde Tito Oviedo, que desde que asumió el año pasado no ha mostrado interés en retomar las políticas urbanas de la ciudad.

La dirección de Desarrollo Urbano de la Alcaldía de Caroní continuamente cambia de titular y no se pudo concertar entrevistas con ninguno. En la Gerencia de Bienes Inmuebles de CVG y en el Órgano Estadal de la Vivienda (OEV) no accedieron a declarar: alegaron “no estar autorizados” para hablar de sus competencias.

El decaimiento de Ciudad Guayana coincide, también, con el quiebre fáctico de la CVG, cuyas empresas básicas tuteladas están en mínimos históricos de producción y son casi totalmente financiadas por el gobierno central.

Puerto Ordaz y San Félix necesitan decisiones prontas. El Estado ha desestimado e irrespetado proyectos existentes, y en este 2018 no hay una política clara para el futuro de Ciudad Guayana.

En Puerto Ordaz, más de 2 mil personas en Castillito esperan ser reubicados a zonas seguras por vivir en la zona de riesgo del embalse de la represa Macagua II; y habitantes de Toro Muerto y Santa Rosa deben ser reubicados para que pueda retomarse la construcción de la avenida Loefling y para que la ciudad y el río Caroní pueda contar con una segunda planta de tratamiento de aguas servidas.

En San Félix, el centro metropolitano necesita ser rescatado de la anarquía que ha permitido el contrabando de alimentos y hasta de dinero en efectivo, para revitalizar e impulsar la calidad de vida de sus ciudadanos, que a menudo se sienten marginados en comparación con los de Puerto Ordaz.

Ciudad Guayana merece que se honre el esfuerzo impreso entre los años 60 y 80 para construir una ciudad vanguardista en todo el continente latinoamericano, y que retomen la iniciativa de volverla el principal polo de desarrollo y “la ciudad más importante del suroriente de Venezuela”, que se plasmó en los planes originales de la ciudad.

Este reportaje se publica en alianza con el Lincoln Institute of Land Policy y el Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS)

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